Humor
Juan Carlos Colombres - Landrú


 La Tía Vicenta, la Joya de la Familia

por Paola L. Fraticola
del Diario La Nación

Juan Carlos Colombres, Landrú, provocó un cambio total, que todavía persiste, en el modo de hacer humor.
Si hubiese sido por quienes pusieron la plata para hacerla, Tia Vicenta no hubiera existido. Ellos querían un nombre más apto para una revista de humor. Algo como Cara y ceca, De la ceca a la meca o, llegando al límite, La vida en solfa.
Pero Landrú, Juan Carlos Colombres, encontró un argumento providencial para convencerlos. Les dijo que lo que proponía tenía muchos usos posibles. Si aumentaba la cantidad de páginas, se podía poner como título: Tía Vicenta engordó; si salía en colores  se  podía

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Juan Carlos Colombres, Landrú

poner Tía Vicenta se pinta, y si tenía líos con la censura, A Tía Vicenta la encarcelaron. La verdad es que Landrú usó ese recurso de forma increíblemente creativa. Cada tapa de su revista, era una sorpresa. Durante una crisis económica, cambió el nombre por el de Carestía Vicenta (3 de abril de 1966). Cuando se rumoreaba por enésima vez que Perón volvería al país, le puso Tía Vicenta en el Exilio, y agregó una banda en la que se leía: Edición clandestina (29 de abril de 1963).
El día que se le ocurrió dedicar la edición a travestis de todo tipo, tituló: Tío Vicente, con una fuerte linea de bajada: ¡Hemos cambiado de sexo! En ese número (23 de julio de 1962), además de trucar todas las fotografías para presentar en sociedad a los políticos de la hora como damas (Artura Frondizi de Poggi, Alfreda Lorenza Palacios, Oscarina Alende y Alvaro Carlota AIsogaray); invirtió a sus célebres personajes. Mirna Delma, la señorita cursi, se llamó Mimo Delmo,y el inefable señor Porcel se transformó en señora.

El propio Landrú se transformó en Landrunelle, y un hipotético secretario de redacción editorializó en contra de la idea, en la página 3: "¡Ustedes son una manga de degenerados! Desde Landrunelle hasta el cadete, que ahora pretende llamarse Sofía. Prefiero desfallecer en mi gélida buhardilla antes que compartir los últimos años de mi azarosa vida con tan siniestros infraseres. Si hasta nuestro administrador, un hombre al que por su avanzada edad consideraba yo persona sensata y afín con mis inclinaciones juiciosas y respetables, se ha trocado en la señorita Ferdinanda Rampolda y anda por ahí haciéndole caídas de ojos al ascensorista y a los peones de limpieza!" A veces, la Tía llegaba disfrazada de otras revistas: De La Chacra, con una jirafa parecida al ex presidente Arturo Frondizien la tapa. Ode Pravda, o de un clásico norteamericano: Tía Vicenta del Reader's Digest.

Era la época en: que podían pasar cosas y pasaban. Buenas, como esa alegría irreverente que permitía inventar noticias ("Se venderá el Congreso en propiedad horizontal", 4 de junio de 1962) y malas, como la clausura dispuesta por el genéral Onganía, las idas y vueltas, las presiones.
Tía Vicenta fue la revista de humor más importante que tuvo la Argentina. Tal vez no en términos de venta, pero seguramente sí como usina de talentos y por su repercusión, aquí y afuera, "La única restricción que existía en Tía Vicenta era no insultar, fue una redacción abierta.

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